og feticher:
Om mig
Soy educado, culto, deportista, simpático, agradable y muy cariñoso. Practico masajes eróticos en los que alterno diferentes presiones musculares, ejercidas con la intensidad adecuada, con las caricias más delicadas.
El masaje se realiza con abundante aceite corporal, y comienza por los hombros, el cuello y la espalda, para continuar después por los brazos y las manos, incluidos los dedos. Regreso entonces a la espalda y al cuello, continúo por la cabeza y el cuero cabelludo y vuelvo a descender por la espalda hasta llegar a los glúteos, los muslos (incluida su cara interior), las pantorrillas y los tobillos. Termino esta primera fase masajeando las plantas de los pies, tan castigadas y, sin embargo, tan frecuentemente olvidadas.
Después llega el turno de la parte frontal del cuerpo. Comienzo de nuevo por los pies y asciendo por las piernas, los muslos, la cintura, el abdomen, el pecho, el cuello y el rostro, para volver después a descender lentamente por el pecho y el abdomen hasta llegar a las zonas más íntimas, siempre respetando los límites que la masajeada quiera marcar.
En esta segunda fase ya no ejerzo tanta presión muscular como en la anterior, sino que doy mayor protagonismo a la delicadeza y la sensualidad. Las caricias se vuelven más eróticas, los besos adquieren una intención más sexual y el masaje va dejando paso, de manera gradual y natural, a sensaciones cada vez más íntimas.
Sin embargo, aunque el orgasmo es una posibilidad que también puede buscarse, el masaje no tiene por qué terminar necesariamente de esa manera. No lo considero imprescindible para alcanzar ese estado de excitación, bienestar y relajación profunda que persigo. De hecho, es la mujer quien decide en todo momento hasta dónde desea llegar y cómo prefiere terminar la experiencia, y lo hace sin necesidad de expresarlo verbalmente: lo hace mediante su actitud, sus gestos y sus expresiones.
Si deseas experimentar este tipo de masaje, escríbeme y hablamos.
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